Alimentación en niños con
Síndrome de Down


Existe una tendencia en la sociedad actual que busca posicionar los hábitos alimenticios saludables y concientizar a las personas de su importancia para el correcto funcionamiento del organismo. Muchos desajustes que parecen cotidianos, como dolor de cabeza, no dormir bien, malestar de estómago, ansiedad, etc., en la mayoría de los casos vienen generados por malos hábitos alimenticios y es bueno que cada vez se le dé más protagonismo al papel que cumple la nutrición en nuestras vidas. Si bien estos son pequeños problemas cotidianos para la mayoría de las personas, hay condiciones, edades y múltiples factores que pueden agravar estas situaciones, llevando a tener consecuencias muy negativas para la salud. Para el propósito de este artículo nos centraremos en la alimentación de personas con Síndrome de Down.

¿Cómo llevar una correcta alimentación en estos casos?



La alimentación y el estilo de vida tienen un papel fundamental para el estado de salud de las personas con Síndrome de Down y su desarrollo en los primeros años de vida. El Síndrome de Down es una condición que puede afectar el sistema digestivo de múltiples formas y para que esto no ocurra debe haber un acompañamiento adecuado del entorno familiar que trabaje en lograr la autonomía del niño, dadas sus dificultades para la adquisición de habilidades para comer y beber, con dificultades en pasar de los alimentos líquidos y blandos a otros más sólidos, así como también en sus habilidades para morder y masticar lo que repercute en su estado nutricional.

Desde la lactancia se debe trabajar en la autonomía del niño, ya que debido a la hipotonía (bajo tono muscular) propia de su condición, la duración de las tomas se alarga y la macroglosia (aumento anormal del tamaño de la lengua, también propio de la condición) puede dificultar los problemas de succión. Es muy importante prestar especial atención a la lactancia natural, pues no solo favorece el vínculo madre-hijo, acentuando el acompañamiento de la familia, sino que ejercita los músculos orofaciales, necesarios para el posterior desarrollo de la masticación e incluso del lenguaje.



Debido a la tendencia a la obesidad durante la infancia y la pubertad y el riesgo de presentar sobrepeso pese a tener una estatura menor a la de la media, la dieta debe ser equilibrada durante el crecimiento del niño. La alimentación para ellos debe configurarse como un momento de placer y comodidad, una oportunidad de interacción con el cuidador que los alimenta y que siga fortaleciendo este vínculo tan necesario para reducir los efectos de las deficiencias sobre el conjunto global del desarrollo del niño, además de cumplir la función de nutrición. Se debe buscar un tratamiento nutricional orientado a controlar y mantener el peso corporal adecuado para la edad. Se recomienda una alimentación rica en fibra y con una cantidad total de calorías inferior a las recomendadas para niños del mismo peso y talla. Se aconseja realizar ejercicio de forma regular desde edad temprana. El exceso de grasa contribuye a padecer problemas metabólicos como en cualquier población.

Ante la dificultad de controlar el aumento de peso existen “estrategias” como:

  • Dividir el volumen del total de las comidas a ingerir en los diferentes tiempos de comidas/días, lo que regula la cantidad de alimentos.
  • Suministrar alimentos con baja densidad calórica, con aumento de volumen en cada ingesta, lo que contribuye a la saciedad.
  • Cambiar el estilo de alimentación en el seno familiar, buscando una dieta controlada y equilibrada, orientada a un incremento del consumo de frutas y verduras y disminución de alimentos altamente calóricos: dulces, gaseosas, embutidos, pastelería.
  • Aumento de consumo de vitaminas A, E y minerales Zinc, hierro y calcio.
  • En caso de alguna alteración gastrointestinal como reflujo, evitar alimentos ácidos y en caso de estreñimiento promover el consumo de agua y fibra (cereales integrales, frutas y verduras) El consumo de grasas debe ser limitado, se deben preferir las de origen vegetal como el aceite de oliva y el de girasol.
  • Favorecer el uso de técnicas culinarias sencillas como el asado, al horno, cocidos, al vapor o a la plancha y moderar el uso de técnicas culinarias en las que se utilicen gran cantidad de grasa como frituras, guisos o rebozados.
  • Si se tiene algún problema de masticación, los alimentos se deben de adecuar modificando su textura para su fácil deglución.
  • Realizar actividades físicas que no solo ayudan a disminuir el riesgo de sobrepeso, sino que mejoran su bienestar, desarrollo social, motivación...

La supervisión, intervención temprana y apoyo por parte de los padres, familiares o tutores de personas con Síndrome de Down es imprescindible, ya que esto conlleva a fomentar la autonomía que garantizará un mejor desenvolvimiento del niño. En la alimentación esto no es diferente, de hecho una correcta alimentación es clave para que la salud del niño no solo no se vea afectada por su condición, sino que pueda verse fortalecida y que de esta forma pueda desarrollarse sanamente y hacer de los hábitos alimenticios un mecanismo de compensación para eliminar las barreras que su condición puede llegar a significar. Asimismo, el ejercicio y la motivación que trae la actividad física no solo ayudará a su sano desarrollo sino que eliminará factores de riesgos como pueden ser, los asociados a la salud cardiovascular.

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