¿Por qué apadrinar un
niñ@ es una buena decisión?


Los retos que tenemos como sociedad requieren la participación de todos los miembros de la misma. Si bien los gobiernos tienen una responsabilidad y por ende un aporte de mayor proporción e impacto para resolver dichos problemas, en ocasiones, su complejidad requiere de la intervención de sectores muy diversos. No basta con el papel de entidades gubernamentales y con uno que otro agente solidario, las organizaciones públicas y privadas e incluso los individuos están llamados a hacer un aporte para enfrentar juntos problemas sociales, con impactos y soluciones tangibles en el mediano y largo plazo.



Los niños de escasos recursos se enfrentan a problemas únicos, y para solventarlos se hace necesaria la cooperación entre distintos actores sociales con miras a objetivos de desarrollo sostenible que generen un compromiso común basado en la interacción efectiva de la sociedad civil, instituciones públicas, privadas y académicas. Según la UNICEF, satisfacer las necesidades básicas de todos los habitantes del planeta (alimentación básica, atenciones sanitarias básicas, acceso a agua potable y educación básica) costaría anualmente 80.000 millones de dólares. Los programas de apadrinamiento son un ejemplo de esta cooperación por el desarrollo integral de miles de niños. Son un mecanismo a través del cual una institución se convierte en mediadora entre los donantes, llamados padrinos, y una población vulnerable a la cuál se le busca mejorar sus condiciones de vida.

Estos programas recogen y administran recursos y donaciones para invertir en el futuro de niños y niñas en condiciones de vulnerabilidad, brindándoles seguridad, salud, alimentación, educación y con ello creando un impacto social, que más allá de la gratificación de ayudar, transforma las comunidades locales e incluso al país entero. Además no existe un vínculo legal entre el padrino y el niño apadrinado, por eso es tan sencillo desvincularse del proceso y se puede hacer por el tiempo que el padrino desee.



Los resultados son tan positivos y demandan tan poco esfuerzo (la mayoría de organizaciones piden un mínimo mensual de entre $40.000 y $50.000 COP) que cada vez es más común ver como nacen organizaciones o como las fundaciones, ONGs e incluso las empresas empiezan a crear programas de responsabilidad social dedicados a transformar la vida de comunidades enteras a través del apadrinamiento.

Ayudando a un ahijado o ahijada, se termina por ayudar a toda su comunidad, es una inversión, una vida digna y en un futuro con oportunidades.

En estos programas el padrino puede ser anónimo si lo desea, o conocer en algún punto a su ahijado. En ambos casos se garantiza la creación de un vínculo más estrecho con el niño al que se le está ayudando, donde sea evidente el enorme impacto de la ayuda que sus aportes están generando en la vida y el progreso del ahijado o ahijada, su entorno y la comunidad.



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