El tiempo es un fiel testigo de todas las experiencias vividas que he experimentado en Fundación Fe. Son tantos años, tantas personas conocidas; usuarios, familias, profesionales. Al inicio llevaba la cuenta de las y los profesionales que pasaban por cada área, pero llegó un momento en que ya no podía hacerlo, eran tantos y tantas que solo lo dejé pasar y los seguí viendo llegar e irse una y otra vez, de muchos aprendí grandes cosas en la parte profesional y en algunos casos en la parte personal.
Llegué a la Fundación en el año 2008, en este momento tal vez solo el 10% de los usuarios activos este año (2025) estarían vinculados con la Fundación en el año que ingresé y tal vez solo el 5% del recurso humano. Las experiencias con usuarios y sus familias han moldeado mi perspectiva, y algunos de esos recuerdos son particularmente significativos, en algunos casos recuerdo sus caras, pero no sus nombres y en otros casos recuerdo sus nombres, pero no sus caras, ¿Si me los encuentro en la calle me recordarán? ¿A cuántos les pude haber cambiado el pañal?. Sí, porque en esa época inicié como Auxiliar de Aula y Auxiliar de Historias, uno que otro chico que tuve en esa época sigue estando en la Fundación ahora, ¡Dios!… y cómo pasa el tiempo, jóvenes ya en bachillerato o con el colegio culminado y digo: “yo lo tuve antes que caminara, cambiaba su pañal, le cantaba y lo mimaba, les enseñé a coger la cuchara, le enseñé a ser independiente, apoyaba todas las terapias que recibía en Fe”
Ha valido la pena toda la experiencia que he tenido en Fe, porque me ha formado como persona, como mujer, como madre y como profesional. No lo puedo negar, al inicio me daba miedo tener hijos y pensar que naciera con alguna discapacidad física, mental, sensorial o cognitiva, pero entre más tiempo pasaba con nuestros usuarios ese miedo se disipaba y al final fue algo que decidí dejar en las manos de Dios, me llenaba de motivación ver cómo las familias asumían la crianza y el cuidado que le brindaban a sus niños con discapacidad. No es algo fácil, salir del hospital o clínica con un diagnóstico que informan los médicos y no siempre te dan la noticia de la mejor manera, esas mamás y papás sentían y sienten que el mundo se derrumba, pueden llegar a sentir que es un castigo divino, pero ahí es donde entramos nosotros, apoyamos, ayudamos, guiamos de la mejor manera para que esa noticia se interiorice y se pueda llevar de la mejor manera, brindando las terapias que los niños requieren para adaptarse a la sociedad, para enseñarles a ser personas independientes, para mostrarles a las familias que sí se puede, que con la Fundación Fe todo es posible.
Hoy, que estoy en el área administrativa, después de más de una década con usuarios en el área operativa, me doy cuenta de que esos niños ahora jóvenes y adultos, nuevamente retornan, porque aman la Fundación. Cuando se van, lo hacen para buscar algo mejor, de pronto algo más cerca a sus hogares, más económico, pero con el pasar del tiempo siempre regresan, manifiestan que no encuentran otra institución que ofrezca lo que nosotros les hemos ofrecido siempre durante tantos años y no es precisamente el paquete terapéutico (psicología, terapia ocupacional, fisioterapia, fonoaudiología, educación especial), porque eso lo puede ofrecer cualquier IPS, sino la calidez humana, el amor y compromiso que tenemos con nuestra población porque eso no lo tienen todas las instituciones. Para mí es grato y un orgullo enorme decir que hago parte de la Familia de la Fundación Fe.
Gracias, por tanto.






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